Checklist para pacientes con diabetes mellitus tipo 2 en consulta telemática

Checklist para pacientes con diabetes mellitus tipo 2 en consulta telemática
Las circunstancias actuales provocadas por la COVID-19 nos obligan a los profesionales de atención primaria a idear nuevas formas de garantizar la atención sanitaria de nuestros pacientes con diabetes tipo 2 (DM2). Existen evidencias que respaldan la eficacia de la telemedicina en el control glucémico de los pacientes con DM2. Ante la rápida adaptación de la práctica clínica al uso de la telemedicina, el Grupo de Trabajo de Diabetes de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SemFyC) optó por elaborar un documento de consenso plasmado en un algoritmo de actuación/seguimiento telemático en la atención de los pacientes con DM2
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Control de la diabetes: cómo el estilo de vida y la rutina diaria afectan la glucosa en la sangre

Control de la diabetes: cómo el estilo de vida y la rutina diaria afectan la glucosa en la sangre
El control de la diabetes requiere concienciación. Conoce qué hace que tu nivel de glucosa en la sangre suba y baje, y cómo controlar estos factores cotidianos.
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Caminar o correr: ¿Qué es preferible?

Caminar o correr: ¿Qué es preferible?
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DIETA PARA EL SOBREPESO

DIETA PARA EL SOBREPESO
El sobrepeso, al igual que la obesidad, es una acumulación excesiva de grasa corporal. Para diferenciar el sobrepeso de la obesidad, utilizamos el índice de masa corporal (IMC), que se calcula dividiendo el peso (en kilogramos) sobre la altura (en metros) al cuadrado. Si el resultado obtenido se encuentra entre 25 y 29,9 k/m² existe sobrepeso; si superan los 30 k/m² hablamos de obesidad. El IMC es un dato muy fiable, excepto en algunos casos extremos de edad, altura y en personas muy musculosas. Como los músculos pesan más que la grasa, una persona con una masa muscular muy desarrollada puede tener un IMC alto sin presentar sobrepeso. El objetivo principal en el tratamiento del sobrepeso es establecer hábitos alimentarios y de vida saludables para alcanzar un peso razonable a partir de una pérdida de masa grasa. Además, hemos de mantener esta dieta a largo plazo, evitando carencias nutricionales. También es fundamental prevenir la ganancia de peso, es decir, evitar que el sobrepeso evolucione hacia una obesidad. Alimentación equilibrada y ejercicio frecuente Para rebajar el sobrepeso seguiremos una alimentación equilibrada y un plan regular de ejercicio físico. Debemos tener presente que las dietas muy restrictivas nunca son saludables porque provocan una importante pérdida de masa magra (músculo) y favorecen los trastornos alimentarios. Por tanto, un plan alimentario ideal para actuar contra el sobrepeso siempre ha de ser normocalórico o con una mínima restricción de calorías. Las recomendaciones alimentarias son las mismas que para la población general, limitando principalmente la ingesta de grasas saturadas. Para ello, tendremos en cuenta la siguiente selección de alimentos: Lácteos. La leche y los yogures serán desnatados; los quesos, magros. Se aconsejan 2-3 raciones al día para asegurar un aporte adecuado de calcio. Carnes y pescados. Se seleccionarán cortes magros y se retirará la grasa visible antes de la cocción. En el caso de las aves, quitar toda la piel. Evitaremos alimentos ricos en grasa saturada, como los embutidos y el tocino. Se recomienda consumir pescado al menos tres veces a la semana. Huevos. Es un alimento muy completo que presenta una proteína de alto valor biológico. Se incluirán preferentemente cocido o pasados por agua y se evitará la fritura. Cereales, legumbres y tubérculos. Aportan principalmente hidratos de carbono complejos, muy útiles en el control del apetito porque aumentan la sensación de saciedad. De este grupo, se restringirá la bollería (croissants, ensaimadas, magdalenas, donuts, etcétera). Frutas y verduras. Elige frutas crudas de consistencia firme, evitando las piezas cocidas o los batidos que aportan menor saciedad. Se recomienda un alto consumo de verduras y hortalizas. Lo ideal es consumir al menos cinco raciones diarias entre frutas y verduras. Grasa y aceites. Utiliza métodos de cocción que precisen poca grasa (plancha, horno, papillote), reduciendo el uso de frituras, salsas grasas y rebozados. Se recomienda el uso del aceite de oliva virgen extra. Azúcar y derivados. Restringir los alimentos con alta concentración de azúcares: azúcar, mermelada y refrescos. En su lugar, utiliza edulcorantes y refrescos dietéticos que no aporten calorías. Es importante recordar que la actividad física regular resulta imprescindible en el tratamiento del sobrepeso, especialmente durante la etapa de mantenimiento para evitar la recuperación del peso perdido.
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DIETA PARA BAJAR EL COLESTEROL ALTO - HIPERCOLESTEROLEMIA

DIETA PARA BAJAR EL COLESTEROL ALTO - HIPERCOLESTEROLEMIA
Un elevado porcentaje de la población española, concretamente el 20% mayor de 18 años, presenta un nivel de colesterol superior a 250 mg/dl (un valor excesivo), según un estudio de la Sociedad Española de Cardiología (SEC). El aumento en las concentraciones plasmáticas de colesterol por encima de los niveles normales (cantidad superior a 200 mg/dl) mantiene preocupada a buena parte de la sociedad. Factores Las dietas inadecuadas entre la población son un factor determinante en esta hipercolesterolemia. Y es que son muchas las personas que incluyen en su alimentación numerosas grasas de origen animal, grasas saturadas y alcohol, en parte por la rapidez que exige nuestra vida. Sin embargo, hay otros factores que posibilitan el aumento de colesterol en nuestro organismo como: las enfermedades hepáticas, patologías endocrinas y renales, junto con la administración de ciertos fármacos y la predisposición genética a la hipercolesterolemia. Esta última, enfermedad hereditaria que se expresa desde el nacimiento, es producida por mutaciones en el gen que codifica el receptor de las LDL (estos receptores se encargan de eliminar el colesterol de la sangre) y cursa con un aumento del colesterol en sangre, principalmente del colesterol transportado por lipoproteínas de baja densidad (LDL o colesterol malo). Soluciones El tratamiento de esta patología requiere un cambio del estilo de vida: alimentación sana, reducir la ingesta de alcohol, dejar de fumar, evitar el exceso de peso y realizar ejercicio físico son las armas necesarias para combatir esta patología, que en algunos casos requiere el uso de fármacos. Pero, ¿cuál es la verdadera clave? Sin duda, la alimentación. Para conseguir nuestro objetivo, controlar el temido colesterol, tenemos que basar nuestra dieta en alimentos como: frutas y verduras, cinco raciones al día; hortalizas; cereales integrales (pan, pasta, arroz); legumbres (tres raciones a la semana); pescado azul (al menos, tres raciones a la semana (atún, sardina, boquerón, salmón...); frutos secos (nueces, almendras) y aceite de oliva virgen. Estos alimentos nos aportan nutrientes que nos ayudan a reducir los niveles de colesterol en sangre y aumentar el denominado colesterol-HDL (colesterol bueno) porque aportan los ácidos grasos monoinsaturados (presentes en el aceite de oliva virgen), ácidos grasos omega-3 (pescado azul), esteroles/estanoles vegetales (en aceites vegetales o incorporados en productos lácteos), antioxidantes (como frutas y verduras). Evitar ciertos alimentos Por otro lado tenemos que evitar aquellos alimentos que en su propia composición incluyen abundante grasa perjudicial para el corazón. Es sencillo. Por ejemplo, puedes sustituir los lácteos enteros por los desnatados; la mantequilla por el aceite de oliva y las carnes grasas por carnes magras con poca grasa, como el conejo o el pollo sin piel. En cuanto a los embutidos, yemas de huevo, fritos comerciales y la bollería industrial: debes evitarlos. Si dudas cómo cocinar para evitar el colesterol, lo aconsejable son los métodos de cocinado con poca grasa como: al horno, a la plancha, a la parrilla, al microondas, asado o cocción al vapor. Para prevenir la hipercolesterolemia: Consume un 30-35% de grasa, principalmente en forma de pescados y aceite de oliva virgen. La grasa saturada es conveniente reducirla. Lo recomendable es que sea menos de un 10 % de la dieta. Ingerir menos de un 7% de grasa poliinsaturada. Limitar la grasa monoinsaturada a un 15-20% de la dieta. Consumir menos de 300 mg de colesterol, 50-55% de hidratos de carbono y un 15% de proteínas. Tomar 20-30 g de fibra y las calorías suficientes para mantener un peso adecuado.
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DIETA PARA BAJAR LA TENSIÓN ALTA - HIPERTENSIÓN

DIETA PARA BAJAR LA TENSIÓN ALTA - HIPERTENSIÓN
La hipertensión arterial (HTA) es el aumento de la presión arterial de forma crónica con valores iguales o superiores a 140 mm de Hg (mercurio) de presión sistólica y 90 mm de Hg de presión diastólica. La HTA es un factor de riesgo cardiovascular. La presión arterial se puede elevar sin una causa previa conocida, por algunas enfermedades (endocrinas, renales...) y por el consumo de algunos fármacos. Otras causas son el abuso de tabaco, el abuso de alcohol, el estrés, el sobrepeso, la falta de ejercicio... y por seguir una dieta con exceso de sal. Numerosos estudios demuestran que reducir la cantidad de sodio en la dieta reduce la presión arterial. La sal es necesaria en el organismo en pequeñas dosis, pero si se sobrepasa la cantidad adecuada se puede producir retención de líquidos y aumento de la presión arterial. Necesitamos 1,25 g de sal al día y tenemos que tratar de mantener su ingesta por debajo de los 6 g al día (1 cucharilla de café): 6 g de sal = 2,5 g de sodio = 2.500 mg de sodio. La sal de los alimentos La forma mas fácil de reducir la sal en la dieta es no añadirla a los alimentos. Los alimentos frescos suelen tener una concentración de sal mucho más baja que los preelaborados o precocinados. De mayor a menor contenido, los alimentos más ricos en sal son: cubitos de caldo, sopas comerciales, bacalao salado, tocino de cerdo, caviar, pizzas, bacon, precocinados (croquetas, empanadillas...), queso azul, ketchup, jamón serrano, aceitunas, jamón cocido, queso manchego, patatas fritas comerciales, frutos secos, embutidos... Importancia del etiquetado Es muy importante leer bien el etiquetado de los productos para compararlos entre sí y eligir aquellos con un contenido bajo en sal. Ten en cuenta que los ingredientes se colocan en la lista en orden descendente de cantidad. Es decir, cuanto antes aparezca la palabra sal en la lista de ingredientes, mayor proporción contiene. Por ello, es aconsejable escoger los productos en los que la sal esté hacia el final de la lista. Otro consejo importante es tratar de elegir siempre alimentos que contengan menos de 0,5 g o 500 mg de sodio por 100 g de producto. Si queremos calcular cuánta sal tiene un producto, debemos multiplicar la cantidad de sodio por 2,5, ya que un gramo de sodio equivale a 2,5 gramos de sal. Fármacos con sodio Las personas que tengan restringido el consumo de sodio también deben saber que algunos fármacos tienen un alto contenido de este elemento, especialmente aquellos con una presentación efervescente. Sustitutos de la sal Para hacer más sabrosos los platos utiliza especias y hierbas como sustitutos de la sal. Por ejemplo, cuando prepares una carne puedes emplear laurel, nuez moscada, pimienta, salvia, tomillo, ajo, cebolla, orégano o romero. En el caso de los pescados, suele irles mejor curry en polvo, eneldo, mostaza, zumo de limón o pimienta. Y para los vegetales, lo más apropiado es romero, salvia, eneldo, canela, estragón, albahaca o perejil. Dieta baja en sal Junto con la reducción en el consumo de sal, el tratamiento dietético de la HTA consiste en una dieta rica en verduras, frutas, legumbres, pescado, aceite de oliva y alimentos que contengan poca grasa. El alcohol y sustancias excitantes como la cafeína producen un aumento de la presión arterial. Por ello, se aconseja limitar su ingesta: Los hombres, menos de 30 g de alcohol diarios; las mujeres, menos de 20 g. No mas de dos ó tres cafés al día. Y recuerda: los hábitos de vida saludables como el ejercicio, no fumar, el control del peso y una dieta adecuada te pueden ayudar a controlar la HTA.
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DIETA PARA LA OBESIDAD

DIETA PARA LA OBESIDAD
La obesidad se caracteriza por el exceso de peso como consecuencia del aumento de la grasa corporal. Una persona es considerada obesa cuando su índice de masa corporal es superior a 30 kg/m². Es importante aclarar que la obesidad debe ser tratada como una enfermedad crónica y que su tratamiento ha de plantearse a largo plazo. El objetivo principal es lograr un cambio en el estilo de vida que permita un descenso gradual de la masa grasa y el mantenimiento del peso perdido a lo largo del tiempo. Pequeños cambios, grandes resultados En primer lugar, es necesario modificar los hábitos alimentarios: Introducir abundantes frutas y verduras crudas o cocidas (al menos cinco unidades al día), lácteos desnatados, cereales integrales. Seleccionar cortes magros de carnes y pescados. Cocinarlos con procedimientos bajos en grasa (al horno, a la plancha, al vapor, papillote, etc.) Vigilar las cantidades e intentar disminuir poco a poco el consumo de sal y alcohol. Beber al menos entre 1,5 y 2 litros de agua diarios. Hacer un desayuno completo, planificar con antelación los menús y distribuir las comidas en al menos cinco ingestas para evitar caer en el picoteo. Sin embargo, si limitamos los cambios a la alimentación nos será más difícil alcanzar el objetivo. Es imprescindible acompañar estas modificaciones de la dieta con un aumento gradual en la actividad física diaria. No se trata de convertirse en un atleta de la noche a la mañana, ni tampoco de hacer una actividad extenuante que seamos incapaces de mantener a lo largo del tiempo. Al contrario, hemos de decantarnos por una actividad que podamos incluir fácilmente en nuestra rutina, de manera que aseguraremos su cumplimiento diario. Por ejemplo, ir andando al trabajo, a clase o al mercado; bajar del metro o el autobús unas paradas antes y caminar el resto del trayecto; aparcar el coche más lejos de lo habitual; reemplazar el ascensor por las escaleras; salir a pasear; montar en bicicleta, etc. Por lo tanto, de nada sirve seguir una dieta de moda o milagrosa que logre una pérdida de peso rápida a costa de músculo y agua, ya que por sus irreales características no podrá ser mantenida a largo plazo. Falsos mitos sobre la obesidad Existen algunos mitos o creencias erróneas sobre los alimentos y el tratamiento de la obesidad que es necesario aclarar: Las frutas engordan si se comen como postre. Los alimentos se digieren siempre de la misma forma, independientemente del orden de su ingesta, sin que esto afecte en nada a su valor calórico. Lo que sí es cierto es que si la fruta se consume al principio, su contenido en fibra puede aumentar la sensación de saciedad. Los hidratos de carbono engordan más que las proteínas. Ambos aportan 4 kilocalorías por cada gramo de nutriente. Beber agua durante las comidas engorda. El agua es un nutriente acalórico, por tanto, no aporta calorías ni engorda. Otra cosa es la retención de líquidos que ocurre con algunas enfermedades, pero que nada tiene que ver con el aumento de la grasa corporal. Las tostadas engordan menos que el pan. Poseen el mismo valor calórico. Sólo se diferencian en que el pan tostado contiene menos agua. Las vitaminas aumentan el apetito. Está totalmente comprobado que ninguna vitamina estimula el apetito.
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DIETA PARA LA INSUFICIENCIA CARDIACA

DIETA PARA LA INSUFICIENCIA CARDIACA
La insuficiencia cardiaca es una enfermedad crónica que puede afectar a personas de todas las edades, aunque es más frecuente en personas mayores. El corazón tiene menos capacidad de la que debería para bombear sangre por todo el organismo y con frecuencia se puede producir retención hidrosalina (edemas). Realizando algunos cambios en los hábitos alimentarios se puede conseguir una mejora en la calidad de vida. Es mejor ir introduciendo estos cambios progresivamente para no abandonarlos al poco tiempo.  Los objetivos del tratamiento dietético en la insuficiencia cardiaca son: Reducción de sal en la dieta. Reducción de grasa en la dieta. Reduccion del volumen de las comidas. Reducción de peso si existe sobrepeso u obesidad. Reducción de sal En la insuficiencia cardiaca, la hipertensión arterial y la retención de líquidos pueden empeorar el estado de salud. Para tratarlos, un método sencillo es evitar la adición de sal en las comidas. Aunque los alimentos contienen de forma natural sal, no todos presentan las mismas cantidades. Los alimentos preparados, como los platos precocinados, alimentos conservados en salazón, adobos, salmuera y curados, contienen más sal que las frutas, hortalizas y cereales integrales. Por ello, se deben evitar los productos preparados. Si se bebe agua embotellada, es aconsejable que se beban aguas de mineralización muy débil, con menos de 5 mg de sodio por litro. La reducción de sal no tiene por qué estar acompañada de pérdida de sabor. El uso de zumos de frutas, vinagres y especias puede aportar riqueza a los platos. Reducción de la grasa Para mantener una buena salud cardiovascular, una dieta saludable es imprescindible. Un exceso de grasas hidrogenadas o “trans”, grasas saturadas y colesterol, puede disminuir el flujo de sangre ya que favorece la adherencia de las grasas a las paredes de los vasos sanguíneos. Alimentos como la margarina, alimentos preparados, la manteca, mantequilla, lácteos enteros, aperitivos y embutidos contienen altas cantidades de estas grasas poco saludables. En la medida de lo posible, es recomendable sustituir estas grasas por aceite de oliva virgen extra. En el caso de los embutidos, cuyo consumo debe ser esporádico, los embutidos ibéricos presentan una mejor calidad de grasas que sus versiones más económicas. Aun así, los embutidos ibéricos deben consumirse solo de manera ocasional. Además, métodos bajos en grasa como la cocción a vapor, al microondas, a la plancha, al horno o a la brasa ayudan a controlar la grasa que ingerimos en nuestro día a día. Reducción de peso El mantenimiento de un peso adecuado ayuda a mantener la salud cardiovascular. Si existe un exceso de peso, el trabajo cardiaco aumenta. Por ello, con insuficiencia cardiaca, es importante mantener un peso saludable. Reducción del volumen de las comidas La insuficiencia cardiaca puede ir acompañada de falta de apetito. Sin embargo, la alimentación es fundamental para mantener un adecuado estado de salud. Reducir el tamaño de las porciones y aumentar el número de comidas al día es una estrategia muy útil para asegurar una buena cantidad de nutrientes cuando no hay hambre. Otras recomendaciones Estas recomendaciones deben acompañarse de otros hábitos de vida saludables como son: Evitar el consumo de alcohol y de tabaco. Controlar el peso. Mantenerse activo realizando ejercicio físico según las recomendaciones y limitaciones indicadas por el médico.
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DIETA PARA PACIENTES EN TRATAMIENTO CON ANTICOAGULANTES ORALES

DIETA PARA PACIENTES EN TRATAMIENTO CON ANTICOAGULANTES ORALES
Los anticoagulantes orales se utilizan para evitar la formación de coágulos en la sangre que alteren el flujo sanguíneo. Entre los distintos tipos de anticoagulantes, los antagonistas de la vitamina K (o antivitamina K) como el sintrom o la Warfarina interaccionan con nuestra dieta. Para evitar alteraciones de la actuación del anticoagulante, es importante tener en cuenta aquellos alimentos ricos en vitamina K como: Verduras de hoja verde Coles como brócoli, repollo, coliflor y coles de Bruselas. Productos vegetales fermentados como chucrut o kimchi. Vísceras como el hígado.
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DIETA PARA TRASPLANTADOS - TRATAMIENTO CON TACROLIMUS

DIETA PARA TRASPLANTADOS - TRATAMIENTO CON TACROLIMUS
Tras recibir un trasplante de corazón, el tratamiento farmacéutico incluye medicamentos para evitar el rechazo, como el tacrolimus. El tacrolimus actúa sobre el sistema inmunológico para impedir que el cuerpo ataque a las células del nuevo corazón trasplantado. Como consecuencia, el riesgo de sufrir infecciones es más elevado. Debido a esto, es recomendable establecer unas pautas higiénicas que minimicen las infecciones e intoxicaciones por los alimentos. Estas medidas incluyen: Correcta higiene de los utensilios y superficies de cocina. Correcta higiene de manos. Utilizar diferentes instrumentos para trabajar con los alimentos crudos y cocinados. Usar desinfectantes alimentarios con aquellos alimentos que van a consumirse en crudo, como frutas, hortalizas y verduras. Evitar los alimentos hechos a partir de leches crudas, como ciertos quesos, o los embutidos crudos curados. Cocinar en su punto los alimentos para garantizar una adecuada destrucción de microorganismos en los alimentos. Evitar platos crudos como tartar, sushi o ceviche. Evitar salsas que no hayan sido pasteurizadas o esterilizadas.
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